miércoles, 8 de febrero de 2012

CRISÁLIDA


Como abrevadero en áridos senderos ignotos,
llega mi descanso en el momento final de cada día.
El insomnio escala los peldaños de la noche,
las estrellas se encienden y solo escucho mi propio latir.

Es allí cuando me encuentro con mi soledad
en un agujero negro donde el  tiempo y el espacio
han desaparecido.
Pero…¿es la hora del ocaso de los astros en el cielo?
O…¿es la luz que despereza sus rayos en el naciente?
No lo se,
carezco de la claridad de los lúcidos.

Soy mis células agotadas,
 mi temor entre paréntesis,
el desvelo tristemente visitante
y el hálito apasionado
en corolario de agitadas jornadas.
Soy, en suma,
 el castigo sobre mi norte que sigue buscando la paz .

Pero atrás de esos ojos cerrados vienen ellos,
mis amados.
Me traen mariposas blancas abarcando la estancia.
Guirnaldas de frescas rosas rosadas
envolviendo mi cuerpo
y un concierto maravilloso de pájaros
que anuncia el amanecer.
 
Como una crisálida recién nacida,
me abro al nuevo día.
Un día más hasta morir en la noche.
¿Es acaso el ciclo necesario de este simulacro?


ANY CARMONA

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Any querida:
Alguien podría decir me gusta o no me gusta y eso nadie lo discute pero lo que sí me atrevería a discutir y defender aunque no le haga falta, es tu poesía, con la fuerza de tu voz y la profundidad de tu sentir. Golpea y llega y abre las ventanas que a veces se cierran para no helar el alma.
Un abrazo fuerte fuerte y el deseo de escucharte con palabras que me muestren que ese otoño es sólo un pasaje necesario una espera al cambio de estación.
Con cariño,
Deb

Ana Carmona dijo...

Deb: Gracias amiga por escucharme...Que así sea...Besos...Any