viernes, 22 de febrero de 2013

BÉSALA



Bésala.
Si besas su frente cada noche
Ella te guardará entre el perfume
De sus sábanas.
Si le hablas de amor cada mañana
Ella te agregará a su desayuno.
Si le peinas el cabello
Y le masajeas la espalda
Ella te suspirará al oído como un hada.
Si le das una letra de tu tinta musical
Ella te pondrá los zapatos.
Más si mueves ese resorte
que despierta su sexo
Se comerá tu piel
Y beberá tu miel
Y pisará tus pasos.
Y será ella,
La que grave en la roca
tus pensamientos
cada vez que tú la beses.
Por eso bésala y bésala.
No dejes de besarla.

ANY CARMONA

NO LE DIGAS


Silencio.
Que la niña no escuche.
Que su paz no se altere.
Sigue sosteniendo al viento
el papel transparente
de sus ilusiones.

Calla, no le digas
que no sabes cómo sigue esto:
Cabalgar sobre la ola
atardeciendo ayeres.
Vivenciar estelas dibujadas en el agua.
Masticar pimienta rosada
entre los dientes

Esfúmate.
Piérdete en los infinitos del mundo.
Ajeno.
Lejano.
De tu inconsciencia.

ANY CARMONA

martes, 5 de febrero de 2013

ENIGMAS


Te fuiste aún antes de haber llegado.
Quizás porque no eras el hombre del poema
ni yo la mujer de la foto.
Los enigmas me acechan.
Voy como una ciega
desandando los caminos
que me retornan, ingenua,
al bar de San Telmo aquella noche.

Una noche de rosas y claveles,
 ante Centauro y Paloma extasiados.
Suave y sutil
entre las venas abiertas,
 los silencios rasgados,
las nieblas tempranas.

Te fuiste,
príncipe del sombrero ladeado,
ser abrumador
por su carisma y sus manos
dejándome tan solo entre  los labios,
un adiós gracioso y una sonrisa vieja.
Te fuiste y hoy…
no estoy de novia.

ANY CARMONA
Del libro Luz de soledad

lunes, 4 de febrero de 2013

BICENTENARIO
















Es verdad que vuela de noche
sobre mi patria un cóndor negro?
Pablo Neruda*

Doscientos años no alcanzan.
Fue tan estrecho el espacio que recorrieron los pueblos,
tan cascados los perfiles de sus voces,
que quedaron sedientas las bocas y los ojos.
Sedientas de justicia, amor, resarcimientos.
Doscientos años no son un número acabado
sino el comienzo del camino.
Es verdad, sí, como se dijo de Moreno,
que tanto fuego no lograron apagar
pero a veces la llama solo está encendida
a fuerza de pequeñas chispas y de grandes llantos.
De callados dolores de mujeres probas
enarbolando sus banderas de sangre.
Madres del dolor, del paco, de la Plaza.
¿Y los padres,
aquellos padres de la Patria de entonces?
¿Dónde están?
Doscientos años no trajeron efectos de liberación.
Faltan millones de certeras y firmes convicciones
hechas semillas y carne.
Millones de manos apretando la consistencia de lo sustentable.
Miles de cabezas sosteniendo que se puede,
que podríamos si tan solo plantáramos una flor
sobre cada lágrima.
Miles de cañones que hoy disparan girasoles,
no alcanzan.
Deberían ser millones de palomas
(y ningún cóndor) sobrevolando
el Río chocolatado-contaminado de la Plata,
los bosques amordazados del Litoral,
los campos interiores confundidos,
las zonas urbanas que cobijan nuestras penas.
¡Hay, qué penas las nuestras!
Son como las de los rehenes
que casi no beben ilusiones.
¿Por qué un bicentenario no bastó para Argentina?
¿No hicieron tantos años el trabajo del tiempo
que según dicen, todo lo cura?
No, hasta que cada uno de sus hijos renazca de las cenizas
convencido y decidido a vivir y morir por ella.
O hasta que tentaciones y desvalores sean abatidos
por la pureza.
O simplemente cuando la esperanza  deje de ser solo una canción
para erigirse en la madre de todos los pobres.
No podemos festejar estos doscientos años.
Pero podemos reflexionar,
aprender a mirarnos sin compararnos y sin copiar.
A valorarnos como lo que somos:
dignos sobrevivientes lastimados
que necesitan volver a creer.


ANY CARMONA
Del libro Neruda y yo




* Del Libro de las Preguntas de P. Neruda