viernes, 17 de julio de 2009

Presentación del libro "Luz de soledad" de Any Carmona


El viernes 05 de Junio presenté mi libro "Luz de soledad" (poesías y cuentos cortos) en el salón de presentaciones de la Editorial Dunken - Ayacucho 357 - La escritora y novelista Martha Candioti lo presentó y la poeta Emma Segovia leyó algunos poemas. Yo dije algunas palabras de agradecimiento y leí un cuento. Estaba muy emosionada, me sentía plena ya que pude finalmente ver realizado el sueño de todo escritor: ver este primer hijo de las palabras en letras de molde...¡Una alegría inconmensurable!

El libro ya está en las librerías y puede además adquirirse en la librería de Dunken.

Video Autorretrato

Por favor clickear este link:

http://www.youtube.com/watch?v=RmPHU8bnwj4


Any Carmona

viernes, 26 de junio de 2009

Dos lunas

Dos lunas

Nos hemos encontrado, amor,
en mitad del camino.
Me besaste como sabes
que me gusta que me beses.
Me arañaste con las huellas
de tus flancos tardíos.
Te mordí con mis marcas
en la orilla del abismo.
Y nos bebimos toda la sangre
y toda la aurora.

Me llamaste, amor,
mil veces me nombraste.
Y fue como solo yo se
que quiero ser nombrada.
Y con las venas abiertas
encendimos el fuego
dejándonos luces
sobre los áureas.
Fuimos alondras
despuntando en vuelo,
dos lunas llenas
sobre las flamas.

ANY CARMONA


miércoles, 10 de junio de 2009

CIUDAD NEVADA


 Un olvido murió
sobre el banco roto,
llantos encarbonados
cubrieron las chapas
y la miseria sintió
alegría de nieve santa.
Nubes grises danzaron
en giros helados,
explosión del cielo,
regalo divino.
Copos pequeños refrescaron
las ávidas bocas risueñas
en horas silenciosas
de suave caída blanca.
Con infantiles gritos
como humildes remiendos,
tembló Buenos Aires
de frío asombrado
¡Nieve!
¡Nieve!
Rozaron las varitas,
el invierno porteño.


Any Carmona

jueves, 4 de junio de 2009

Gotas de vida

Gotas de vida

Puse en mi boca la última barrita de chocolate que encontré en la cartera.
- Es la última – me dije mientras la colocaba bien pegada al paladar para comenzar a acariciarla muy sutilmente con mi lengua. Era la última porción. Dulce, suave, cremoso chocolate dentro de mi boca. Me hablaba de sensaciones, de placer, del delicioso sabor de lo bueno. Fui degustándolo lentamente. Raspando con delicadez con mis encías, carrillos y papilas gustativas, cada miligramo de aquel postre.
– Que no se acabe – me decía al tiempo que arrollaba en un bollito el papel dorado, no sin antes leer: “Gusto capuchino”. – Es el primero que me regaló – pensé – pero no el que más me gustó…ese fue el de limón –
Miré de nuevo y lo arrojé por una alcantarilla. Rodó y cayó en el vació hasta desaparecer de mi vista.
- Ya está, se fue, este es el final – repetí tragando la última gota de vida por mi garganta seca.
Mis ojos miraban la nada y mis pensamientos divagaban hacia aquellas otras tantas veces en que tuve que despedirme de algo…o alguien.
Y ya comenzaba a caminar alejándome de mi casa, cuando de pronto lo recordé: - Me queda otro trozo en el cajón del comedor, entre los manteles finos. Es el de chocolate amargo con cascarita de naranja. Sí, ahora lo recuerdo, lo guardé ahí porque fue el más sabroso de aquellos regalos – Pensaba para mis adentros.
Desanduve apresuradamente el camino, subí por el ascensor, abrí la puerta del departamento y, como loca, busqué la tableta en el fondo del cajón. Ahí estaba: “Chocolate Suchard con ralladura de cáscara de naranja”. Tuve el impulso de comer pero no, me senté en el sillón y me largué a reír a carcajadas. ¡Qué bueno! Lo dejaría guardado, esperando a que él se me tornara indispensable y mi boca, lo deseara de nuevo.
ANY CARMONA

martes, 26 de mayo de 2009

El encuentro*

Pero te empeñas en guardar
un recodo de sombra que no quiero
Pablo Neruda



Esa mañana mi corazón latía a ritmo apresurado. Me sentía impaciente, temblorosa, esperanzada.
De la pantalla, a la pantallita. Del portero eléctrico al teléfono. De la silla a la ventana. Del espejo al guardarropas. De la heladera a la hornalla.
El tiempo parecía estirarse y los relojes se hacían laxos, lentos e imposibles. Las horas no me devolvían su presencia, su voz, su sutil roce mimando mi ansiedad de mujer asombrada.
Luego de mi llamada, su respuesta fue casual, liviana, distraída. Supe que había llegado pero… ¿ estaba?
Tomé el subte contando los minutos pero me equivoqué de dirección y elegí la contraria. Al llegar a la estación siguiente debí cruzar del otro lado y volver sobre mis pasos. Y el tiempo que se escapaba…Casi sofocada, me acerqué al bar indicado, en una esquina de Palermo. Miré la hora, sólo siete minutos tarde. Abrí la puerta divisando a un hombre cuyo rostro me buscaba. Tranquilidad. Era tal cual esperaba. Y yo…yo soy, según me dijo, tal cual me había soñado. “Sos hermosa”, expresó luego de darnos ese abrazo de oso largamente anunciado. Yo reía…”¿Será él, el indicado…?”
A borbotones nos contamos mil cosas ya anteriormente dichas y conocidas solo que ahora podíamos tocarnos. La presencia física hacía del encuentro algo mágico e increíble. Yo estaba posada en el perfil de su alma y él se había estacionado sobre mis ojos iluminados. Nos tomamos las manos y yo lo acariciaba con mis miradas.
Salimos del bar pasadas varias horas y al tomarlo del brazo me dio un beso apurado, esperado, tímido. Caminamos como sin querer separarnos, yo dejé pasar más de un colectivo. Y los piquitos que seguían… Fue entonces cuando me dijo que quería quedarse conmigo. Dudamos. ¡Hubiera sido bello ceder a los impulsos! Pero nos ganó la sensatez y dijimos: “Mañana tenemos todo el día para nosotros”
Pero mañana se hizo temor
                                        y cansancio
                                                           y malestar
                                                                           y carencias
                                                                                            y más dudas.



ANY CARMONA
*Del libro Neruda y yo









martes, 28 de abril de 2009

Vos, tu canto y el mar (poesía)

Vos, tu canto y el mar

Salimos juntos a caminar
por la playa espejada de gaviotas.
Las olas nos espuman la planta de los pies
cosquilléandonos con conchas marinas,
los tobillos avezados.
Gota a gota sorbemos el aroma salado
de las mareas bajas
y con los ojos entrecerrados
buscamos el tímido sol,
recién bañado.

Una brisa mañanera nos ensortija los oídos.
Con silbidos de aves pescadoras
atravesándonos la ropa.
Infladas cabriolas dibujan en el aire,
atavíos como velas,
mientras retengo el instante
en que tus labios temblorosos
inmovilizan mi cuello.

Entre risas y solfeos delineas esa canción
que imaginamos bailar,
tomados de la mano.
Iniciando ese doble juego donde soy la que te sigo
y a la vez la que persigues,
en todos tus sueños.

Arenas blancas acolchadas
se bifurcan en largos canales
de agua fría.
Y el corolario es nuestro abrazo
entrelazándonos el alma,
sobre las olas.
Vos, tu canto y el mar,
me están llegando.
Any Carmona